
Cuando cumplí seis años, la abuela me regaló un tipi. Lo montamos en su jardín. Habló de animales de poder. Vio en mí una gacela, indefensa, grácil; yo vi en ella una lechuza, por las gafas redondas que le cubrían media cara. Jugamos mientras los demás bebían, incluso la até con espumillón. A la hora de la siesta entré en el tipi con mis muñecas. Algo me acechó. Cuando asomó la cabeza, vi una hiena, el animal de poder de mi abuelo, que me atrapó con dientes de carroña, garras callosas, y extendió sobre mí la sombra de su penacho.
Participo con este relato en el reto Escribir jugando (Mayo). 100 palabras sin contar el título.
Vaya, me he quedado sin habla. Sin duda espero que hubiera sido un sueño y no el animal de poder haciendo eso… Los tenía por almas cándidas
Me has hecho estremecer.
Muchas gracias por participar en el reto.
Un abrazo, Laura 🙂
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Muchas gracias, Lídia, a veces lo aparentemente cándido esconde una bestia en el interior. Por desgracia, más de lo que creemos y más cerca de lo que imaginamos. Gracias por dejarme participar aunque haya llegado por los pelos. Abrazos 😘
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Reitero mis escalofríos… 😦
Abrazos de vuelta 🙂
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