Que vengan por fin a rescatarte de tus padres no es un asunto agradable. Son tu padre y tu madre, los quieres, habéis visto películas en casa y en el cine, habéis devorado hamburguesas en establecimientos de comida rápida, los días de ron y farlopa te han dejado con la abuela para que no hubiera conflicto. Te avergüenzas, claro, todos en la avenida saben que te vas con Servicios Sociales. Tu madre te promete que cambiará mientras hace sonar las alhajas falsas en sus muñecas y tú, con quince años, sabes que calmará su llanto con rodajas de limón en el cubata de la tarde.