A través de los libros de Carlos Ruiz Zafón podemos recorrer distintos barrios de Barcelona. Hoy nos vamos al de Sarrià, donde el escritor ubicó gran parte de su novela Marina.
Parada 1: Colegio de Sant Ignasi, Jesuitas de Sarrià
Tras un paseo agradable por las calles del barrio de Sarrià en Barcelona, llegamos al majestuoso colegio de los Jesuitas de Sarrià. El ambiente en el vecindario respira una calma serena. A lo lejos, el colegio se yergue con una arquitectura imponente, tal y como la describría Zafón a través de los ojos de Óscar, el protagonista de Marina.
Al caminar por los alrededores, sentimos que nos adentramos en un mundo cargado de historia y modernidad. Las personas que se cruzan en el camino delatan un alto nivel económico. Sobre todo, nos sorprenden las adolescentes con sus trajes que brilln por su simplicidad y joyas que atraen la atención: pulseras y pendientes de oro que reflejan el lujo en cada gesto. Los rostros de esas jóvenes transmiten una calma que solo los que viven en un entorno próspero pueden mostrar. Esa imagen nos deja una sensación extraña, como si todo lo que nos rodea pertenezca a un universo paralelo al nuestro, donde los sueños parecen estar al alcance de la mano y el esfuerzo personal no es el único factor que determina el éxito.
El colegio, con su arquitectura cuidada y su ambiente rodeado de confort y riqueza, parece ser un reflejo de ese modo de vida, donde el estatus social se desborda, no solo en los edificios que rodean el lugar, sino también en las personas que los habitaban.
Nada que ver con el ambiente lúgrube de posguerra que creó Zafón en su novela.
Por entonces yo era un muchacho de quince años que languidecía entre las paredes de un internado con nombre de santo en las faldas de la carretera de Vallvidrera. […] Su monumental fachada sugería más un castillo que una escuela. Su angulosa silueta de color arcilloso era un rompecabezas de torreones, arcos y alas en tinieblas.
Cap. 1 Marina. Carlos Ruiz Zafón

Parada 2: Descenso hacia la plaza de Sarrià
Seguimos callejeando por el barrio. Al descender hacia la plaza de Sarrià se respira ambiente de pueblo, tal y como describe el autor en la novela, no parece que estemos en Barcelona. Nos llaman la atención unas farolas de dragones. Muy Zafón, que tanto escribió sobre estas criaturas y cuyo dibujo está incluso en su tumba del cementerio de Montjüic.
Los dragones adornan la fachada del teatro de Sarrià. Invitan a adentrarnos en el mundo zafoniando e imaginar un carruaje que pasa lentamente, sus ruedas chirriando mientras los caballos lo arrastran por la calle.
El bullicio de la ciudad se siente lejano. Las farolas de dragón, firmes y silenciosas, parecen vigilar nuestro paso.
En aquellos días, la barriada de Sarrià conservaba aún el aspecto de pequeño pueblo varado a orillas de una metrópolis modernista.
Cap. 1 Marina. Carlos Ruiz Zafón


Parada 3: Plaza de Sarrià
Llegamos a la Plaza de Sarrià. A lo largo del libro, los protagonistas la atraviesan en numerosas ocasiones. Es un rincón tranquilo, rodeado de bancos donde se sientan los vecinos a charlar o leer el periódico. Las fachadas de los edificios dan a la plaza un aire acogedor. Alrededor, las pequeñas tiendas y cafeterías ofrecen un respiro en medio de la jornada, con el aroma del café llenando el aire. Es un espacio que invita a detenerse, respirar y disfrutar de la calma, mientras la vida cotidiana de Sarrià sigue su curso en sus calles cercanas.
Una novedad que nos encontramos en la plaza y que nos hizo especial ilusión es la construcción de una biblioteca, la Biblioteca Sarrià – J.V. Foix. Por un día no pudimos entrar, ya que la inauguración estaba prevista para el día siguiente de nuestro recorrido. Señal de que tenemos que volver a visitarla y disfrutar de nuevo de este barrio literario.
Al llegar a la Plaza Sarrià, advertí que Marina estaba pálida y respirada con dificultad. […] Nos sentamos en un banco de la plaza. Ella respiró profundamente varias veces, con los ojos cerrados. Una bandada de palomas correteaba a nuestros pies.
Cap. 6 Marina. Carlos Ruiz Zafón
El sol se ponía sobre la iglesia de la Plaza Sarrià cuando Marina y yo nos adentramos en el Paseo de la Bonanova rumbo al invernadero.
Cap. 12 Marina. Carlos Ruiz Zafón


Parada 4: Pastelería Foix
La pastelería Foix de Sarrià en la que los protagonistas de la novela compran cruasanes abrió sus puertas en 1886. El negocio nos regala otra curiosidad literaria, el hijo de los fundadores, J.V. Foix, fue poeta y también regentó la pastelería por unos años. La nueva biblioteca, de la que hemos hablado antes, lleva su nombre. Si os interesa saber más sobre la historia de la pastelería y del poeta, podéis leerla aquí.
Mi inesperado desayuno consistió en cruasanes que la joven había traído de la pastelería Foix, en la Plaza Sarrià.
Cap. 3 Marina. Carlos Ruiz Zafón

Parada 5: Cementerio de Sarrià
Nuestra última parada es el cementerio. Nos nos cuesta encontrarlo, el acceso es sencillo y se encuentra rodeado de edificios. Poco hallamos del misterio del que le imprime Zafón en la novela. Es un cementerio íntimo, de pequeño tamaño, un cementerio de pueblo por el que dar un paseo tranquilo.
Aquel sendero no parecía conducir a ninguna parte. Marina se limitó a adentrarse en él. Me condujo hasta un camino que ascendía hacia un pórtico flanqueado por cipreses. Más allá, un jardín encantado poblado por lápidas, cruces y mausoleos enmohecidos palidecía bajo sombras azuladas. El viejo cementerio de Sarrià.
Cap. 4 Marina. Carlos Ruiz Zafón


Hasta aquí nuestro recorrido. Por supuesto, nos han quedado lugares por visitar que también aparecen en la novela, una excusa perfecta para regresar y seguir explorando la huella de Marina en Barcelona.
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